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MISTERIO RESUELTO! Revelamos el argumento de la película "Por la Hembra y por el Gallo".

La organización Cine Nuestro Puerto Rico tiene el honor de revelar uno de los más increíbles descubrimientos de la historia de nuestro cine nacional.


Por años hemos seguido el rastro de las primeras películas perdidas, cuya información ha sido un gran misterio. Rafael Colorado, su creador, dejó pocos o ningún documento que profundice en s

u labor como cineasta y fundador de los talleres de Cine Puerto Rico.


Gabriel Berdecía Hernández se ha dedicado a la investigación profunda sobre los acontecimientos ocurridos en esas primeras décadas, con el propósito de unir piezas y resolver lagunas históricas.


Luego de varios proyectos cortos como Un drama en Puerto Rico y Maffia moderna, Rafael Colorado, junto a Antonio Capella Martínez, apostaron por realizar el primer largometraje producido en la isla. Con ello nace Por la hembra y por el gallo.


Poco se sabe de esta y de muchas otras películas, pero gracias a la revelación de hoy, tenemos conocimiento de gran parte del argumento y el elenco oficial.


La pieza fue filmada en una finca de café en el barrio Apeadero de Patillas y en la Corte Judicial de Guayama durante los meses de marzo y abril de 1916. La obra fue estrenada en San Juan durante la primera quincena de octubre del mismo año.


Por la hembra y el gallo pudiese ser considerada como la primera película cuyo guion fue escrito por el primer guionista puertorriqueño, Antonio Capella Martínez. Es considerada también el primer largometraje producido en nuestra tierra.


A continuación, revelamos el reparto oficial de la pieza y los actores que participaron en ella:


▪️Méndez: Luis Abella Blanco

▪️Cleto: Antonio Capella Martínez

▪️Lucía: Laura Vélez

▪️Jibarito: J. Villarini

▪️Fiscal: Francisco Cervoni

▪️Marshal: Sr. A. Bird

▪️Comisario: J. C. Villarini

▪️Juez: Sr. A. Crosas

▪️Defensor: Sr. M. Martínez

▪️Presidente del Jurado: Sr. M. Cañellas

▪️Médico: Sr. Francisco Janer

▪️Jurados, policías, jíbaros, jugadores de gallos, etc.


POR LA HEMBRA Y EL GALLO - (1916)


Argumento escrito por Antonio Capella Martínez


Fuente: La Correspondencia de PR - (Jul. 19 de 1916)


Méndez (Abella Blanco) es un señorito rico que ha comprado una finca de café, la cual va a visitar por primera vez montado en su caballo.


Llega a sus nuevos dominios y, desde una altura, contempla el soberbio panorama que se presenta ante su vista; observa a los peones encerrando el ganado y luego se dirige a su nueva casa, en donde habitan el mayordomo y la servidumbre doméstica.


Con la desenvoltura y franqueza de hombre de mundo, se presenta a los humildes campesinos, quienes lo reciben alegremente. Allí ve a Lucía (Laura Vélez), una jibarita lista y vivaracha que, habiendo perdido a sus padres, vino a vivir en la casa con el mayordomo para ayudar en los quehaceres del hogar.


A Méndez le gusta la muchacha y se propone seducirla para distraer sus ocios los días que pase en la finca. Pero el corazón de Lucía le pertenece a Cleto (Antonio Capella), uno de los peones que allí vive y trabaja.


Dondequiera que Méndez encuentra a Lucía, le hace mil ofrecimientos que ella desaira siempre, huyendo de él como la paloma del cazador.


Un día que Lucía había llevado café a Cleto, quien estaba trabajando en la máquina pulpadora, llegó hasta ellos Méndez y quiso abrazarla; pero ella buscó refugio al lado de Cleto, quien se dispuso a defender a su novia.


Méndez, al ver la actitud resuelta de Cleto, se alejó burlándose de ellos; desde entonces, la rivalidad engendró el odio entre ambos por la posesión de la linda jibarita.


Se acercan las fiestas de San Andrés, día en el que los jugadores de gallos “rompen el fuego” con las peleas de pollos. Méndez quiere hacer una jugada en su finca para probar los de su crianza. Al efecto, ordena al mayordomo que limpie el batey, prepare algunos lechones asados e invite a todos los vecinos.


Llega el día de la fiesta. Algunos jíbaros concurren con sus gallos y Méndez tiene ya los suyos dispuestos por su gallero. Se conciertan varias peleas, pero Méndez está pendiente de la jugada de Cleto.


El jíbaro llega con un bonito “giro” y, tirándolo al suelo, dice: “Aquí está mi gallo ‘Puñales’, que no se esconde a ninguno”. En seguida, Méndez pide su mejor campeón y le propone pelea, que Cleto acepta a pesar de que el suyo es más chiquito.


Se trata de hacer la “posta”, pero en vista de que Méndez no quiere llevar a nadie, sacando con arrogancia un fajo de billetes, todos juegan al gallo de Cleto, que reúne una buena suma.


Se aguzan las espuelas de los gallos, se fijan las condiciones y se sueltan a pelear. Pero las malas intenciones de Méndez no se logran porque su gran gallo, “Manopla”, no resiste los golpes del furioso “Puñales”, que no pasa tiro.


Méndez se va calentando por la algarabía y las “puyas” que le lanzan los jugadores:


“¡El Manopla con canillera!”, “¡el Manopla con puñalón de vaca!”, “¡ese no muere en su cama!”.


No contento con esto, al soltar, lo empuja sobre el de Cleto. Todos protestan y Méndez, furioso, vuelve a coger su gallo y a empujarlo nuevamente en son de desafío. Cleto se le encara y Méndez le ultraja gravemente; entonces Cleto coge su gallo y le da con él en la cara.


Méndez, fuera de sí, saca su revólver y le hubiera matado a no ser por la intervención de los jugadores. Méndez recuerda que es un buen medio para separarle de Lucía al arrojarlo de la finca, y le prohíbe terminantemente volver a poner los pies en ella.


Cleto se va cabizbajo porque ha conocido la intención de su rival. Pasan los días y Cleto, desesperado por no haber vuelto a ver a Lucía, llega a la cerca de la finca sigilosamente.


Dirige sus miradas hacia una loma y allí descubre a su novia recogiendo gandules. Ella no le ha visto y él quiere darle una sorpresa. Olvidándose de la prohibición de Méndez, salta el alambre y se dirige hacia ella, siempre ocultándose.


Pero, ¡oh, desgracia! Méndez, que estaba vigilando la finca, le ha visto y se esconde detrás de un árbol para sorprenderle. Al pasar Cleto por su lado, le grita: “¡Alto ahí, ladrón! ¡Suelta el machete y entrégate o te mato con una bala en la cabeza!”.


Cleto, ante el revólver de Méndez, obedece y suelta el arma quedándose indefenso.

Méndez coge la jáquima de su caballo para maniatarlo y, en el momento en el que guarda el arma para hacer uso de ambas manos, Cleto se lanza sobre él.


Aquí sobreviene una lucha en la cual Cleto casi tiene vencido a su adversario; pero en ese momento el caballo de Méndez, demostrando su lealtad hacia su amo, se arroja como un perro de presa sobre Cleto. Herido en la espalda por los dientes del animal, Cleto es vencido, amarrado con un racimo de guineos en la espalda y obligado a emprender el camino hacia el pueblo como un ladrón.


Lucía, desde la loma, ha oído el ruido de la pelea y ha presenciado toda la escena, emprendiendo una veloz carrera para ir a pedir merced por su novio. Por un atalajo consigue llegar antes que ellos al camino, junto a un árbol de mangó al que momentos antes había subido un jibarito para catar el sabroso fruto. Lucía suplica a Méndez que dé libertad a Cleto:


—Usted me ofreció lo que yo le pidiera por un beso; yo le daré todos los que usted quiera, pero suelte y perdone a mi novio, que no cometió la falta que usted le achaca.


—Convenido —contesta Méndez—. Pero antes, lo amarraré a este árbol para que no se oponga al cumplimiento...


"...de tu promesa”. Y atándolo al mangó, se dirigió luego hacia Lucía, quien, adivinando sus intenciones, le saca el revólver del bolsillo. “Ahora vas a ser mía”, le dice Méndez. Lucía, viéndose perdida, disparó sobre él hiriéndole en el vientre.


Méndez cae herido de muerte. Lucía, en shock, arroja el arma y ayuda a Cleto a liberarse de sus ligaduras, tras lo cual huye despavorida del cafetal. Al ruido de la detonación acuden varios vecinos con el comisario del barrio, quien, cogiendo el revólver, se lleva a Cleto y al herido para el pueblo, en donde entrega al herido a la policía y el médico certifica la muerte de Méndez.


Ha pasado algún tiempo y en la Corte de Distrito se va a celebrar el juicio contra Cleto, que no ha querido acusar a su novia. Leída la acusación por el Ministerio Fiscal, el defensor alega que Cleto es inocente.


Declaran el comisario y uno de los peones que condujo el cadáver de Méndez. La defensa hace un buen discurso, pero no hay testigos para probar sus alegatos.


El juez instruye al jurado, que se levanta para retirarse a deliberar; pero en ese momento se presenta Lucía y hace un relato de los hechos ocurridos. Desgraciadamente, no hay quien corrobore su declaración, la cual hace dudar a todos los presentes.


LECTOR:


¿Qué es lo que ha declarado Lucía? ¿Qué jíbaro flaco y descolorido es aquel que se levanta de entre los asientos del público y presenta ante el juez un pañuelo marcado, ofreciéndose también a declarar? ¿Qué les pasará a Lucía y a Cleto?


Preguntas son estas que no pueden contestarse por escrito. Las respuestas son demasiado interesantes para expresarlas en letras de molde; es justo y necesario que las veas gráficamente en los telones de los cines para que te des cuenta de la importancia del desenlace de esta trama, cuya lectura seguramente te ha impresionado.

 
 
 

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