Aquellas Primeras Noches: El génesis del Cine en Puerto Rico
- Cine Nuestro
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Artículo escrito por: Gabriel Berdecía Hernández
El origen de nuestro cine ha estado plagado de lagunas históricas que ameritan una revisión y actualización inmediata. Existe un debate sobre cómo inició todo. Algunos textos mencionan que el cine llegó con los estadounidenses durante la guerra; otros lo identifican con la primera película con argumento de Colorado. Sin embargo, nuestra realidad es que la historia va más allá.
Gracias a las investigaciones de Rose M. Bernier Rodríguez, se tiene conocimiento de cuándo y cómo se introdujo el cine en nuestra tierra. Todo inició el domingo 9 de mayo de 1897, cuando se llevó a cabo la primera proyección cinematográfica en el Teatro Municipal de San Juan. El Sr. Luigi de Pío llegó desde La Habana, Cuba, con un artefacto de la marca Edison. El periódico La Balanza, el 8 de mayo de 1897, anunció:

«Ha llegado a esta Capital el señor don Luigi de Pío, director del sorprendente espectáculo que tanto ha llamado la atención en todas partes del mundo, en la Habana, conocido con el nombre de CINEMATÓGRAFO. Dicho señor promete darlo a conocer al público de esta capital, a cuyo efecto muy pronto publicará los programas. A decir de la prensa del exterior, el cinematógrafo es una sorprendente novedad digna de admirarse».
El 9 de mayo de 1897, el periódico La Correspondencia de Puerto Rico anunció la fecha en la que el Sr. Pío logró establecerse en el teatro para dar comienzo a la ronda de presentaciones. Cabe mencionar que los periódicos llamaban incorrectamente al aparato que trajo Pío. El cinematógrafo es el nombre del aparato inventado por los hermanos Lumière en Francia. Thomas Alba Edison patentizó su producto bajo el nombre de Vitascopio, aunque también tenía bajo su sombra el Projecting Kinetoscope.

Por esto no sabemos a ciencia cierta cuál de los dos artefactos fue el utilizado aquellas noches de 1897.
«Para esta noche se anuncia la primera exhibición del cinematógrafo que acaba de llegar a esta capital. Será un espectáculo interesante y nuevo para nuestro público. El cinematógrafo es un aparato de óptica que presenta ante el espectador vistas de tamaño natural, con colores y movimiento, representando escenas de la vida real, como bailes, incendios, paseos, reuniones, naufragios, guerras, edificios, calles, ciudades, etc.».
A falta de detalles del programa de «vistas» que se proyectaron en el teatro, el periódico La Correspondencia nos ofrece un leve vistazo de lo que el espectador pudo ver. La llegada del cine dio la oportunidad de ver el mundo desde una nueva perspectiva. La gran mayoría de las vistas eran cuadros de paisajes y costumbres de la vida cotidiana en otros países. Ese mismo periódico publicó una reseña el lunes 10 de mayo, relatando detalles acerca de lo ocurrido la noche anterior:
«A las 8 dio principio la exhibición de las vistas de movimiento en el teatro. El efecto de la primera vista fue una explosión de aplausos tan ruidosa y bravos tan repetidos que el público que se encontraba en la plaza Colón no pudo resistir el deseo de entrar; resultó que se llenaron todas las localidades. Es verdaderamente grandioso este invento».
«El espectador presencia escenas de la vida real con la misma ilusión que han podido causar en el acto del suceso: movimientos de bombas, bomberos y el pueblo al toque de alarma; se ven a todo correr los caballos que arrastran el carro con las bombas y los bomberos, el espanto del pueblo, la confusión de los transeúntes, el entorpecimiento en la vía pública y los coches que acuden al lugar del suceso; todo a tamaño natural y de forma tan completa como si tal cosa pasara en realidad».
«Lo mismo sucede con las demás vistas: se ve a los bañistas en una playa zambullirse, tirarse agua a la cara y jugar como se acostumbra en los baños de las playas de Europa; en fin, es la realidad copiada, de modo que se conservan todos los detalles a excepción del ruido y los sonidos.El público aplaudió mucho y, de todas las vistas, pedía con insistencia dos o tres repeticiones».
«En la segunda tanda volvieron a entrar casi todos los de la primera, junto con otros concurrentes atraídos por los elogios de quienes ya habían presenciado el espectáculo. Esta sorprendente novedad permanecerá ocho días entre nosotros, ofreciendo funciones todas las noches ».
El Teatro Municipal de San Juan era un lugar cuya agenda estaba muy comprometida con una gran variedad de actividades sociales. Entre ellas, se iba a llevar a cabo el «baile de las flores». Las butacas fueron retiradas y el piso del teatro fue levantado para crear un gran salón de baile. Esto provocó que el aforo para el público se limitara durante las exhibiciones del cinematógrafo. El sábado 15 de mayo, el periódico La Bandera Española reseñó lo sucedido durante la noche del jueves 13, ocasión en la cual solo acudieron caballeros al teatro.
El Cinematógrafo: «Sigue causando gran admiración este sorprendente espectáculo, atrayendo un gentío inmenso al teatro. Anoche, jueves, la función fue solo para hombres y el coliseo estaba lleno, como es natural, pues era de suponerse que la velada habría de ser "alegrita". Así resultó: transcurrió dentro del mayor orden, oyéndose algunos chistes propios de las vistas adecuadas para los espectadores que concurrieron, los cuales, no obstante, obedecían al mayor recato posible dentro de su entusiasmo. Alguna mujer se vio en el "gallinero", a quien parece no agradarle el espectáculo».
«El público se impacientó por el cambio de nombre de algunas vistas ya conocidas y pide que haya un poco más variedad por ser el mismo, por lo regular, el que asiste siempre. ¡Bien por el señor Pío! ¡No se quejará del brillante resultado que está obteniendo!»

Esta particular función para hombres solamente se organizó para proyectar «vistas» cuyo contenido se consideraba explícito o no propio para las damas. Hay evidencia de vistas producidas por Edison que fueron fuertemente señaladas. Algunos títulos conocidos fueron: El Beso, Dolorita y el Baile del Vientre y Fatima’s Coochie Coochie Dance, cuyas proyecciones fueron censuradas o fuertemente criticadas en su época.
La noche del 13 de mayo será recordada como la primera vez que se presenta contenido de esta índole en Puerto Rico. El 19 de mayo de 1897, el periódico La Balanza publicó la noticia de la última presentación del Sr. Pío en San Juan:
El Cinematógrafo: «Hoy da su última exhibición esta sorprendente maravilla del siglo XIX. Habiendo dispuesto las dos tandas por el mismo precio que antes costaba una, hay gran "embullo" entre el público, y lo seguro es que el teatro estará de bote en bote».
Su última presentación tuvo una rebaja de precios, lo que provocó un mayor acceso de personas de recursos limitados. Este acto mostró lo accesible que fue el cine para la sociedad desde sus inicios. Su presencia en San Juan fue bien recibida por parte del público y los medios noticiosos. Finalmente, Luiggi de Pío partió en una gira, llegando a Ponce. Su primera presentación tuvo lugar en el Teatro La Perla el martes 1 de junio. El 1 de junio, el periódico La Democracia de Ponce anunció:
«Esta noche se exhibirá en La Perla el cinematógrafo, último invento de Edison y uno de los más famosos. El cinematógrafo es un aparato ingeniosísimo en el que se reproducen las escenas reales de la vida con sus colores, movimientos y tamaño natural, alumbrado por la luz eléctrica. El que veremos esta noche contiene catorce magníficos cuadros sobre episodios diversos. En los intervalos de cada cuadro se oirá una pieza del Micronógrafo de Bettini, desconocido en esta isla. Recomendamos la asistencia al público de Ponce, toda vez que se trata de una novedad; de una verdadera novedad, digna del mayor éxito».
La prensa ponceña mostró ánimos positivos en un principio. Sin embargo, todo esto cambió cuando el periódico La Democracia reseñó los acontecimientos de la primera noche:
«Anoche por primera vez se exhibió en la “Perla” el cinematógrafo cuyas figuras movibles ofrecen escasa variedad. Dicha exhibición no se presta para construir, por si sola, un espectáculo; en Madrid generalmente las empresas teatrales la presentan al final de las funciones. Por otra parte, el precio nos parece un poco subido, pues en la península la entrada a las exhibiciones, del cinematógrafo solo cuesta veinte centavos».
Dado a los buenos deseos que había ofrecido el periódico a las futuras presentaciones en Ponce la prensa ofreció una fuerte y cruda reseña sobre lo ocurrido aquella primera noche. Sus críticas mas bien se enfocaban en los altos precios para tan limitado contenido. A causa de esto, hicieron una comparación entre los espectáculos reseñados en los periódicos de Madrid con el evento ocurrido en Ponce. Esto le tuvo que haber provocado una mala impresión del Sr. Pío ante la sociedad ponceña. Las fuertes críticas no cesaron, el periódico La Democracia reseñó nuevamente esta vez poniendo énfasis en detalles técnico:
«El aparato que se exhibió anoche en La Perla es el cinematógrafo de Edison. Las vistas son variadas, pero hay muy poca seguridad en el foco y la luz es escasísima. Remedie estos defectos el empresario, rebaje también los precios y obtendrá mayor concurrencia».
Para agravar más la situación, el empresario tuvo problemas con la planta eléctrica que utilizaba para operar la maquinaria. Ocurrieron interrupciones en medio del espectáculo, provocando un disgusto a los espectadores (Los Cines Viejos de P.R. 2021, pág. 13).
A consecuencia de este desafortunado evento, el periódico La Democracia del viernes 4 de junio anunció las últimas fechas del Sr.Pío en la Ciudad Señorial:
«El sábado y el domingo próximo dará el cinematógrafo sus dos últimas exhibiciones con el objeto de que los dependientes de comercio puedan disfrutar del espectáculo. En ambas noches se trabajará con una nueva planta eléctrica, con el objeto de evitar interrupciones; y en compensación a las dos vistas que se suspendieron por deficiencia de la máquina, se exhibirán veinte fotografías escogidas. Habrá rebaja de precios».


Por un periodo de casi dos meses, el paradero de Luigi de Pío fue desconocido. Se entiende que pudo haber recorrido toda la costa suroeste o el centro de la isla para llegar a la Villa del Capitán Correa, Arecibo. Si llegó a presentarse en algún otro pueblo, aún sigue siendo un misterio. De lo que sí tenemos certeza es de que el Sr. Pío proyectó sus vistas en el teatro Las Claras de dicho pueblo. El periódico La Correspondencia del 29 de julio de 1897 anunció:

«Se encuentra en Arecibo el cinematógrafo que se exhibirá en el teatro de aquella localidad. Dada la admirable combinación de ese aparato, maravilla de Edison, estamos seguros de que llamará la atención de los arecibeños».
Su estancia en Arecibo fue fugaz; las razones son desconocidas. El periódico La Correspondencia del 31 de julio de 1897 mencionó:
«Para mañana, domingo, anuncia "El Cinematógrafo" en Arecibo su última exhibición. Además de presentar nuevas y preciosas vistas, se exhibirá un magnífico fonógrafo que recientemente han recibido de los Estados Unidos, que también es un excelente aparato».
Días más tarde, Luigi de Pío regresó a la ciudad de San Juan, en donde nuevamente comenzó a dar funciones en el teatro. El Boletín Mercantil de Puerto Rico anunció el domingo 8 de agosto:
«Cinematógrafo: De regreso de su excursión al interior, tenemos en esta capital al Sr. Pío, dueño de "El Cinematógrafo", que nuevamente exhibirá en nuestro teatro durante las noches del 7, 9 y 10 del corriente, en combinación con el Microfonógrafo Bettini, que resulta un bonito y grandioso espectáculo».

Como hemos visto ya, su temporada en San Juan duró apenas cuatro días. El periódico La Correspondencia del 10 de agosto anunció:
«Esta noche dará su última función el cinematógrafo. Se exhibirán 25 vistas completamente nuevas».
Cualquiera pensaría que este sería el fin de esta travesía; sin embargo, las circunstancias fueron otras. El Sr. Pío volvió a aparecer; el periódico La Correspondencia del 3 de septiembre, bajo la firma de un periodista con el seudónimo «Julepe», informó:
«A pesar de los propósitos de la empresa y del fin a que estaban destinados los productos de la función de anoche, el público no correspondió como debía y era de esperarse ante tan laudables deseos, conservándose en el retraimiento de costumbre. No se dirá que el espectáculo no fue llamativo, pues además de haberse escogido las tres mejores obras del repertorio moderno, como son El gaitero, La leyenda del monje y Las africanistas, la charanga del Provisional Número 3 amenizó los intermedios e invadió los pasillos durante la representación. Las escenas del precioso idilio El gaitero transcurrieron sin novedad y dentro de la misma parálisis del día del estreno. A pesar de encontrarse el barómetro a 30 grados, era mucha la frialdad que se notaba en el teatro. Los defectos de la luz fueron subsanados anoche preventivamente por un semi reflector eléctrico que, a manera de luz Drummond, iluminaba por completo la escena. El aparato fue colocado en uno de los palcos principales frente al escenario bajo la dirección del señor Pío, dueño del «cinematógrafo» que no hace mucho tiempo se exhibió en este teatro».
Continuando las presentaciones de piezas teatrales junto al cinematógrafo del señor Pío, el periodista «Julepe» escribió una nueva reseña acerca de lo ocurrido en la noche del 5 de septiembre (La Correspondencia, 6 de septiembre de 1897):
«A las ocho en punto de la noche de ayer se levantó el telón para dar paso a Las africanistas, que se pusieron en escena previas las formalidades de costumbre… Las diez y cuarto serían cuando empezó la exhibición de los seis cuadros de la rúbrica presentados por "el cinematógrafo". Por lo variado, merecieron la aprobación del público, que no engalana la presentación con frases subversivas, cuando no obscenas. Bueno es recordar (y me refiero al público más elevado) que desprestigia el buen concepto que de él tiene formado el interesante rumor del mismo que se nota durante la exhibición; dejando así de prestar atención a cuadros que honran a su inventor y al notable caballero que los reproduce. Me olvidaba de decir que ayer anoche se llenaron las lunetas y casi todos los palcos bajos, algunos principales, y en el piso alto estaban como arenques. ¡Vamos! Veremos si poco a poco penetra la sangre artística en las venas del público retraído.Pero donde se nota más animación las noches de espectáculo en nuestro coliseo es en la plaza Colón, donde por poco dinero se disfruta de mujeres bellísimas, de ambiente agradable… y de música y canto gratuitos; no hay más que pedir. ¡Lo que puede la economía!...».
El periódico La Correspondencia continuó reseñando incidencias leves y problemas con los alborotos ocasionados por la gente del «paraíso». Julepe escribió un último artículo acerca de la travesía agridulce de este cinematógrafo en San Juan el 13 de septiembre de 1897:
TEATRO: «Los aficionados a las emociones estuvieron ayer de enhorabuena. Hubo espectáculos para todos los gustos y al alcance de todas las fortunas: retretas en la plaza de armas, tandas de… palos y cinematógrafo en el teatro. Tres diversiones distintas y un solo suceso verdadero. La empresa encargada del espectáculo teatral de anoche sufrió las consecuencias, puesto que el coliseo estaba poco menos que vacío. Tres cuartos de hora duraron las veinte vistas, exhibiéndose las más notables que encierra la interesante colección que han venido dando al público los señores Pío y Plaja. El auditorio permanecía impasible, aplaudiendo cada uno de los cuadros que se le presentaba sin chistar siquiera, sin duda teniendo en cuenta lo que, respecto al mismo, dije en mi revista anterior. ¡Así es como se procede! Hasta los bastones brillaron por su ausencia en el teatro. Ignoro si es que a la puerta se les obligaba a dejarlos como medida de precaución, o se habían acaparado todos para algo más importante y puntiagudo. El caso es que la despedida del popular "cinematógrafo" fue notable; familiar, si se quiere, pero importante al fin por el número de vistas que se exhibieron. Me dicen que los dueños del aparato, señores Pío y Plaja, marchan en el próximo correo para La Habana y que, por lo tanto, han querido despedirse antes de partir del pueblo capitaleño. Por lo que les deseo, en nombre del mismo y mío, un feliz viaje… y más suerte de la que aquí no han conseguido encontrar».
El señor Pío y su asistente o socio Plaja partieron a La Habana, Cuba. A Puerto Rico no regresaron, o por lo menos no hay mención de ellos en los periódicos como empresarios de cine. Su ruta aún sigue siendo un misterio.
Para ser esta nuestra primera interacción con un aparato de esta índole, es curioso analizar los altibajos que tuvo el Sr. Pío en el país. Notar ese contraste entre las reseñas de la prensa capitalina y la prensa ponceña nos muestra puntos de vista increíbles para su tiempo. Los sanjuaneros mostraban satisfacción por lo que presenciaron aquellas noches; por el contrario, los ponceños fueron fríos y exigentes con los espectáculos cinematográficos. Es increíble pensar que, en tiempos tan tempranos en el mundo del cine, en Puerto Rico se dieran estas reseñas cuyas exigencias fueron más allá del éxito, abarcando también detalles técnicos.

El mal sabor de boca permaneció en Ponce unos cuantos años; otros cinematógrafos que visitaron el sur pasaron por el fuerte ojo crítico de los periodistas. Esto cambió cuando a su teatro llegó un emisario francés en mayo de 1901. Según la investigación de Rose M. Bernier, Puerto Rico se posicionó como el noveno país (hasta ahora) en gozar de las vistas cinematográficas entre los países latinoamericanos y el segundo en el Caribe.
Cuba obtuvo el primer lugar cuando a La Habana llegó Gabriel Veyre y proyectó un 24 de enero de 1897. Solo fue cuestión de meses para que nuestra historia diera comienzo. Los textos deberían ser revisados y actualizados.
El origen de nuestro cine es más complejo que un breve resumen de lo que ya se sabe; es importante seguir escarbando, investigar y descubrir. Lo que somos hoy como industria no se le debe específicamente a los estadounidenses, ni tampoco a aquellos que filmaron películas en suelo boricua. Pienso que, para llegar a producir cine, hay que ver cine primero, y lo vemos a través de las reseñas escritas sobre lo que sucedió aquellas primeras noches.
FUENTES:
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El Cinematógrafo. (19 de mayo de 1897). La Balanza de Puerto Rico, P.3. https://grimh.org/index.php?option=com_content&view=article&layout=edit&id=947&Itemid=678&lang=fr&fbclid=IwAR1zXXBV0RXFdF24nvZvi0xVkRRGH33lW2_EZWz1mpD1mwKVSV2sAxdo7sw
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Hernández Mayoral, J. A. (2021). Los Viejos Cines de Puerto Rico. https://rafaelhernandezcolon.org/index.php/2020/12/10/los-viejos-cines-de-puerto-rico/.
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